jueves, 7 de marzo de 2013

Sin feminismo no hay revolución.


Quien bien te quiere te hará llorar, una señora en calle y una puta en la cama, a la mujer y a la burra todos los días zurra, cojera de perro y lágrimas de mujer no son de creer,… estos refranes son sólo una pequeña muestra de cómo el sistema patriarcal, valiéndose de la cultura popular, menosprecia a la mujer y la convierte en un ser cuya máxima función es la de complacer al hombre por encima de sí misma y su propia vida, pero, ¿y si no queremos?

Hemos sido educadas para ser siempre perfectas: la perfecta hija, la ejemplar ama de casa, la entregada esposa, la sacrificada madre,… a costa de definirnos, no por ser nosotras mismas, sino por aquellas personas, principalmente hombres, a las que estamos subordinadas. Toda esta perfección tiene un precio, renunciar a nosotras mismas y a nuestros sueños. También, hemos interiorizado que lo relativo a lo femenino tiene una connotación negativa, como por ejemplo, zorra= puta, zorro= hombre astuto, o nenaza= llorica y machote= campeón.

Todo esto se debe a que el patriarcado, apoyándose del capitalismo, ha conseguido que la idea de superioridad masculina, frente a la femenina, forme parte de nosotrxs como si hubiera sido innato al ser humano desde tiempos inmemoriales cuando, en realidad, esto no es así.

Podemos observar como los patrones machistas se reproducen constantemente: en nuestros trabajos (relativo al salario, puestos de responsabilidad,…), en nuestras relaciones (supeditación de la mujer, cuidado de los hijxs, del hogar,…), en la televisión (mujer objeto,…) y un amplio etcétera.
A menudo, nos topamos con comentarios que parecen inofensivos pero que denotan una conducta machista. Las cualidades de una mujer siempre quedan relegadas a su apariencia física teniendo que hacer constantes demostraciones de su valía. Además, hay que hacer especial hincapié en lo que la sociedad exige a una mujer, traspasando los límites reales y desnaturalizando lo que en realidad es la figura femenina.
Por otro lado, sorprende encontrarse, en ocasiones, con mujeres que pese a lo que creen, tienen comportamientos fuertemente machistas. Por ejemplo, ver a otras mujeres como rivales y competidoras, pero no como posibles aliadas. Incluso los sectores más concienciados, respecto al tema, pecan de reproducir estos patrones machistas. Además, caemos en la trampa de “la mujer objeto”. La obsesión por el físico es un síntoma del sentimiento de inferioridad femenino, pues no nos van a valorar en nuestra integridad sino por nuestra carta de presentación, el aspecto.

Esto es en parte consecuencia del feminismo burgués. Pues parece que con conseguir cierta “liberación sexual” y el ficticio acceso a altos cargos, está todo conseguido y no hay más que hablar y hacer al respecto. Esto no es una lucha feminista, sino una batalla de las mujeres dentro de su propia clase, la clase opresora, pues pretenden seguir perpetuando este sistema, en el que las mujeres de la clase obrera no entran dentro de sus planes. El feminismo burgués sólo pretende que las mujeres de la clase dominante disfruten igual que los hombres de la explotación de las clases oprimidas.
Es obvio, que bajo el capitalismo jamás se podrá conseguir la emancipación real de la mujer, sino que no se dará hasta que éste no sea superado. Teniendo esto en cuenta, debemos seguir luchando por la igualdad y denunciando al sistema patriarcal sin dejarnos engañar por los adornos del feminismo burgués.

¡POR UN FEMINISMO DE CLASE!
¡ABAJO EL SISTEMA PATRIARCAL Y EL CAPITAL!






                                                                                                                                                                             POR CRP VILLAVERDE.

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